Los invisibles (Parte 1)

“Que hacemos con el preso sheriff, ¿lo soltamos o lo ahorcamos? Aquí no se puede quedar todos los días comiendo.”

Frase de la película- Mi nombre es Trinity- de 1970

En Mérida, la capital de Yucatán, hay aproximadamente 800 mil vehículos de acuerdo con datos aportados por la Secretaría de Seguridad Pública. Al día, entre 100 y 200 mil de estos coches recorren el anillo periférico de la urbe. Miles de estos vehículos que pernoctan en la ciudad, o que entran y salen, tienen que frenarse por completo ante la inclemente luz roja del semáforo. Aquí comienza esta historia…


Bajo los postes de los semáforos hay una fuente de empleo que cada vez aumenta más, aunque son pocos los que se percatan de ese tipo de trabajo. Personas de bajos recursos o que nunca tuvieron la oportunidad de formar parte de un sistema, buscan ganarse el pan de cada día a través de actos de malabarismos o con pasar un poco de agua y una lámina por los vidrios panorámicos de los vehículos.

Al frenarse los coches por la indicación del aparato amarillo que proyecta tres colores se genera espontáneamente el cruce de clases sociales. El que va adentro de su coche con un potente clima que lo hace aislarse del calor yucateco comparte una pequeña historia con Lino, un sujeto que puede combinarse los ojos con la playera roja que llevaba en una tarde cualquiera del año 2019.

Al hablar Lino, automáticamente revela parte de su vida. Este meridano que vive la Colonia Mulsay no forma parte de la rutina de la capital yucateca. No ocupa uno de los tantos empleos que vocifera el gobierno estatal, tampoco forma parte de los beneficiados de los programas del gobierno federal, tampoco aspira a un “Micromer” del ayuntamiento. Sólo se despierta y su objetivo es ir al semáforo a ver si consigue unas monedas para su torta y frijol.


“Ya dejé la droga, ya dejé todo”, reconoce sin tapujos aunque la pregunta no estuvo dirigida a sus adicciones. “Si tomo, ayer sí tomé,” remata. “Le compro sus cosas a la Virgen de Guadalupe, como tengo mis tatuajes, le compro su veladora” dice en medio de un párrafo de ideas que no son del todo coherente.


La luz verde se apagó, para darle paso a la amarilla y comienza el movimiento de Lino hasta llegar al rojo. Empieza por el lado del piloto, si este no le dice que se detenga continúa limpiando por el lado del copiloto. Luego de dejar el panorámico lleno de jabón, comienza a retirar los excesos con una lámina negra. Recibe las monedas de su cliente y la guarda momentáneamente en el orificio central de la oreja. “Sol, calor trabajando honradamente, sin robar nada, yo soy un payaso, trabajo del albañil y ayudante” enumera Lino al hablar de su rutina y su currículum vitae.


En las calles de la blanca Mérida se comenta que ese oficio de limpiar los vidrios de los carros es exclusivo de los ex convictos que pasaron por el Centro de Reinserción Social. Al menos, esa es la realidad de Lino. “Yo igual tuve en el Cereso, me acusó mi doña de intento de violación, pagué e hice cuatro años y pague dos mil pesos”, reveló el limpiador de vidrios.


Lino asegura que ese no es su único oficio, aunque fue el primero que aprendió cuando tan sólo contaba con once años de edad. Dice que también funge como asistente de albañil y en ocasiones trabaja como un payaso. No en fiestas infantiles, sino en su oficina, es decir, en la calle. “En este tengo desde los 11 años, estaba yo morro. Agarré el hule y empecé a darle y lo agarro y lo pongo” comenta al hablar sobre su trabajo.


Como la mayoría de los yucatecos, el protagonista de esta historia sale de su casa para encontrar la comida que va a llevar a la mesa. A pesar de lo inestable de su oficio, él también tiene que velar por los suyos. “Me deja un poco para mi comida, para las leches de mis hijos y es todo. Tengo cuatro hijos, yo soy de la Mulsay, tengo casa, me dejó mi doña pero tengo a mis hijos”, soltó. La luz del semáforo volvió a cambiar a verde y de esa forma tan intempestiva terminó el cruce social entre el guiador del coche y el trabajador de la calle que responde al nombre de Lino.

Sin plan, sin objetivo, sólo buscando la comida del día, pasan las horas para el ex reo del Cereso. Entretanto, continúa la dinámica de una ciudad que cada vez es más protagonista en la historia contemporánea de México, la misma que va albergar el Tianguis Turístico y la ceremonia de los Premios Nobel de la Paz.

Yucatán en el agitado camino a la industrialización

“Es menester sacar la mayor renta de las minas para invertirla totalmente en ayudas, facilidades y estímulos a la agricultura, la cría y las industrias nacionales”

Arturo Uslar Pietri / Abogado, periodista y político

Todos los sectores de la sociedad yucateca estaban reunidos en el oriente de la ciudad de Mérida. En el interior de la gran estructura, predominaba el color blanco de las guayaberas de los hombres, prenda que de acuerdo con los usos y costumbres del sureste mexicano, representa elegancia y estilo.

Los empresarios, el gobierno del estado, el ayuntamiento de Mérida, todos celebraban que en Yucatán abría sus puertas una empresa alemana que tiene por nombre “Leoni”. Esta corporación germana no se encarga de  ensamblar vehículos pero sí produce piezas para automóviles. Por ejemplo, desde la entrada del Fraccionamiento de los Héroes se pueden hacer los tornillos con los cuales se arma un motor u otras piezas que pasan desapercibidas cuando los neófitos abren la cajuela del carro para revisar un aparente desperfecto o situación irregular con el coche.

En el último lustro, este tipo de noticias se ha vuelto más frecuente, es decir, empresas con capital extranjero que apuestan a Yucatán. Leoni está a punto de abrir otra planta en el poniente de la misma ciudad de Mérida y otra en el municipio de Hunucmá, donde está la gran fábrica “Cervecería Yucateca”, la cual produce las “chelas” Corona, cuyo producto con su limoncito picado está muy bien cotizado en el caribe dominicano y en el frío suelo londinense.

La industrialización de Yucatán y el progreso que este proceso conlleva, pareciera no tener freno con miras al futuro. Los políticos prometen que con la llegada de capital foráneo, los empleos van aumentar y también el salario promedio de los habitantes de la entidad con profundas raíces mayas.

Mauricio Vila Dosal / Gobernador de Yucatán. Pidió la llegada del Gas Natural para industrializarl el sureste mexicano

¿Y el gas natural?

“Este es el momento del sureste mexicano. Le llegó la hora de desarrollarse” dijo José Manuel López Campos, un empresario yucateco que preside la Confederación de Cámaras Nacionales, Servicios y Turismo. Dentro de la agenda nacional que desarrolla este hombre de negocios organizó un foro para hablar de electricidad y gas natural, junto con senadores, diputados federales y representantes del Consejo Coordinador Empresarial.

La mentada reunión tenía como objetivo involucrar a todas las partes para asegurar que el gas natural llegue a los estados Quintana Roo, Campeche y Yucatán. El encuentro se realizaba en la ciudad de Mérida, mientras que las autoridades mexicanas, incluyendo al presidente Andrés Manuel López Obrador, buscaban resolver un conflicto entre la Comisión Federal de Electricidad y empresas internacionales, toda vez que se anunció unos meses atrás la finalización de la construcción de un gasoducto que va desde Texas, Estados Unidos hasta Tuxpan, Veracruz.

La CFE tenía como intención iniciar un arbitraje internacional con las corporaciones foráneas, luego de que iniciara una controversia por temas de montos de contrato y tiempos de entrega. Sin embargo, desde Mérida, el presidente de la Comisión de Energía del Senado de México,. Alberto Guadiana Tejerina, aseveró que la controversia no llegará al arbitraje internacional debido a la injerencia del mandatario junto con Carlos Salazar Lomelín del CCE y Antonio del Valle del Consejo Mexicano de Negocios.

El gasoducto tendrá como intención aligerar las otras líneas de transmisión que llevan el gas natural del sur y sureste de México hacia las zonas más desarrolladas de la República como Monterrey y el Bajío. “El gas natural llegó a Nuevo León en 1930, al Bajío llegó apenas hace 15 años. Llegó la hora que México le devuelva al Sur lo que este le ha dado”, dijo el gobernador de Yucatán, Mauricio Vila Dosal en la reunión sobre electricidad y Gas Natural.

José Manuel López Campos / Presidente CONCANACO. Responsable de la reunión “Gas Natural y Electricidad”

Desigualdad industrial

De acuerdo con López Campos, presidente de la CONCANACO, el 80 por ciento del gas natural que se consume en México es importado y el 85 por ciento de ese recurso, se consume en el Centro y Norte de la República. Es decir, que sólo el 15 por ciento està dirigido alos estados del sur y sureste, una parte del territorio, a excepción de Tabasco, que vive de los servicios turísticos y gastronomía.

“Àquí en Yucatán durante el primer trimestre de este año crecimos el 3,1 por ciento. Fuimos el tercer estado de la República con mayor crecimiento. Generamos el 32 por ciento de los empleos que generó el país, más que el año pasado y todo eso lo estamos haciendo sin gas natural y con las tarifas eléctricas más caras del país”, terció el gobernador yucateco.

Solución a la vista

Tras dos días de intensas reuniones en el nuevo edificio del Centro Internacional de Congresos, los involucrados, López Campos, Vila Dosal, los representantes del Congreso de la Unión de México logaron un importante avance. Petróleos Mexicanos enviará 50 millones de pies cúbicos diarios al sureste del país, que se sumarían a los 50  o 70 millones que ya se reciben en algunas entidades de forma indirecta.

Sin embargo, López Campos indicó que aún no pueden bajar los brazos debido a que esta zona necesita 350 millones de pies cúbicos diarios para lograr la industrialización de estados como Yucatàn y sus entidades vecinas. También aclaró que de esos 70 millones de pie cúbicos, el 80 por ciento es utilizado por la Comisión Federal de Electricidad y el resto por empresas particulares.

El intimidante futuro

Cuando se resuelva el conflicto del gasoducto de Texas-Tuxpan, el gas natural podría estar llegando al sector rezagado de la nación mexicana y comenzar un proceso de industrialización con capital nacional y extranjero. Además, de cumplir con la demanda de la refinería Dos Bocas de Tabasco, uno de los proyectos más ambiciosos anunciados por el presidente, precisamente tabasqueño, López Obrador.

Cuando este recurso llegué a Yucatàn, se podrían multiplicar inversiones como las de Leoni y Uchiyama (Empresa asiática dispuesta a desembolsar mil cien millones de pesos). Para López Campos, ningún estado puede negarse a un proceso de industrialización. “Atrae inversión, genera empleos, deja derrama económica”.

En la actualidad Yucatàn presume su seguridad. En un país donde el crimen organizado prepara atentados contra alcaldes, periodistas, secuestros y ahora también se habla de autodefensas, Yucatàn pareciera tener un escudo que repele todos esos actos de violencia. La industrialización produce ganancias pero en tiempos de recesiones mundiales, deja desempleos y crisis que muchas veces terminan en una ola de inseguridad. “Ese es el gran reto que tendrá nuestras autoridades, mantener este estado de bienestar”, puntualizó el presidente yucateco de la CONCANACO.

Un Corchito para todos y todas

“Pienso que un héroe es un individuo extraordinario que encuentra la fuerza de perseverar y resistir a pesar de los obstáculos”

Christopher Reeve, actor de Superman

Durante el tercer periodo legislativo, José Ariel Euán lloró en el Congreso del Estado de Yucatán luego que los diputados aprobaran la creación de parques incluyentes en el que podría jugar su hija con discapacidad motriz (Ver crónica En Ocasiones, la política sí tiene palabra). Quizás, falta poco para que José Ariel, así como muchos padres de Yucatán pueda llevar a sus pequeños al parador turístico de “El Corchito”, en el municipio de Progreso.

Este probable escenario se proyecta luego que El Patronato de las Unidades de Servicios Culturales y Turísticos de Yucatán (Cultur), dio a conocer que colocó en marcha un plan piloto con el objetivo que el ojo de agua de  “El Corchito”, el paseo por los manglares  y ver a los mapaches que cohabitan en la zona puedan ser disfrutados por todos los yucatecos, sin excepción, sin peros, sin asteriscos. Al decir “todos” incluyen a las personas que se movilizan en silla de rueda o que presente otro tipo de discapacidad.

Este plan es encabezado por Mauricio Díaz Montalvo, director de Cultur, dependencia encargada de la administración que se encarga de administrar a este parador turístico, como Chichén Itzá, Uxmal y otras maravillas de Yucatán. “Lo que logremos en este espacio lo replicaremos en otras Unidades de Servicios que están a cargo de Cultur… Es parte de las estrategias que desarrollaremos para lograr encantar a los turistas de cualquier ámbito”, dijo el titular de Cultur.

La presente administración estatal dirigida por el gobernador Mauricio Vila Dosal creó una nueva dependencia llamada –Instituto para la Inclusión de Personas con Discapacidad-, cuya titular es María Teresa Vázquez Baqueiro. “El objetivo del gobierno es que las 77 dependencias que la conforman tengan una estructura universal” señaló la funcionaria. Es decir, El Corchito, parador identificado con el goce y el disfrute, entraría en esa numeraria.

Para lograr este cambio, Díaz Montalvo pretende incluir a todas las instituciones que están bajo las órdenes del ejecutivo estatal. “Después, conforme avancemos, nos involucraremos con otras dependencias y sociedad civil para alcanzar los objetivos que nos hemos trazado”, apuntó el director de Cultur.

El primer paso de este plan piloto en el parador turístico fue hacer un recorrido por las instalaciones, así como en los alrededores del Ojo de Agua.  Entre las personas que hicieron este recorrido estuvo la arquitecta Janett Jiménez Santos, quien es consultora de diversas investigaciones y trabajos en el tema de accesibilidad, quien se acercó al corchito por invitación  de la directora del Ipedey, María Teresa Vázquez Baqueiro.

Tras recorrer el parador turístico, la especialista soltó una realidad aplastante. “El Corchito es un lugar cero por ciento accesible”, agregó que pese a contar con cajones de estacionamiento, baños para personas con discapacidad, aseguró que estos están mal diseñados.

Díaz Montalvo señaló que el nuevo corchito será anunciado por el propio jefe del ejecutivo. Este será uno de los principales cambios que experimentará la nueva administración emanada del Partido Acción Nacional, tras doce años de gobierno tricolor.

“Estoy decidida darle a Yucatán mi visión”

“Para liberarse, la mujer debe sentirse libre, no para rivalizar con los hombres, sino libres en sus capacidades y personalidad.”

Indira Gandhi

La senadora sale de una puerta de vidrio e invita a pasar a dos jóvenes. Empieza a platicar con ellos. Entretanto, afuera está su equipo de trabajo, algunos de ellos con las caras sumergidas en  la computadora mientras que otros atienden a ciudadanos que se acercan con demandas o con un requerimiento de ayuda.

Verónica Camino Farjat

Es la primera hora del lunes, Verónica Camino Farjat representante de Yucatán en la Cámara Alta a través del partido Verde Ecologista, se encuentra en su oficina de enlace en un punto importante de la ciudad de Mérida, la capital del estado. La legisladora, quien representó al PRI en el Congreso Local, no tiene escritorio. Prefiere atender a los ciudadanos desde unos muebles para que no haya barrera en la conversación. En ocasiones, está bien maquillada mientras que en otras oportunidades se muestra más natural.

En estos tiempos en los que los diferentes niveles de gobierno profesan la igualdad de género, Camino Farjat toma esa bandera del igualismo, pero al tiempo, busca eliminar cualquier condición para demostrar que su posición no es producto de una reivindicación social o  del cumplimiento de una exigencia. “Yo soy una mujer que he tenido oportunidades buenas en la política pero las cosas no llegan solitas. Desde chiquita sabía que en algún momento iba a estar en contacto con la política que no me podía zafar de ella” dijo al comenzar la entrevista.

La legisladora federal recuerda que inició su carrera como empresaria, pero indicó que la vena política heredada de su familia tocó a su puerta y la hizo de una forma insistente. “Mi mamá (Verónica Farjat Sánchez) fue presidente municipal de Tizimín, también fue diputada y eso me contagió estar con ella en las campañas”, rememora esta yucateca al entrar en el debate de la posición de las mujeres en la política yucateca y sus consecuencias. “Por supuesto a mi mamá la amenazaron varias veces, la amenazaron con nosotros y tuvimos que estar un tiempo afuera de Tizimín. Con el tiempo le pregunté a mi mamá ¿Eso te agachó? Y me dijo, no, sólo los llevé a ustedes para acá (a Mérida) y yo seguí con mi lucha”, recordó la senadora.

En las elecciones del primero de julio, en Yucatán y en otros estados de la República de los Estados Unidos Mexicanos se cumplió con la paridad de género. Es decir, cada partido tenía la misión de presentar el mismo número de candidatos hombres como mujeres. Camino Farjat acompañó en la fórmula al también hoy senador, Jorge Carlos Ramírez Marín. En este escenario, la tizimileña se defiende y asevera que su presencia en el senado obedece a una carrera que ha llevado junto con los más necesitados de Yucatán, junto con los que no han tenido voz, sino silencio, junto con los que no tienen la tortilla en el plato, sino hambre, y asegura, que en su carrera política ha tenido que ver subsanar las heridas de la violencia. “Ser mujer es sólo un componente. ¿Tú crees que yo estoy aquí solo por qué soy mujer? Crecí con una vocación de servicio desde pequeña” terció esta yucateca desde el mueble de su oficina de enlace.” Yo estudié, tengo estudio de postgrado, he comprobado la efectividad de mi trabajo. Nadie puede venir a quitarme mi lugar, yo sé quién soy, tengo formación de parte de la familia que vengo”, insistió.

El Centro de Prevención Social del Delito fue una de las paradas de la joven Camino Farjat cuando iniciaba su camino en el empinado mundo de la política. En este organismo, recuerda que tocó ver el otro Yucatán. La otra cara del estado que alberga una de las nuevas maravillas del mundo, el lado del cristal donde no se miran a los cenotes o a la avenida Paseo de Montejo. Le tocó ver de frente, directo a los ojos tanto a la víctima como al victimario. “Cuando voy al Centro Estatal de Prevención del Delito, ahí sí aprendes cómo entrarle a alguien sin prejuzgar, tienes que hablar con la gente sin importar el delito de la persona” dice con vehemencia la legisladora. ”Conocí los diferentes casos de agresión a las mujeres, la violencia en distintas formas. Mujeres con la cara cortada, con el cuello cortado, las amenazas con el cuchillo. Uno creía que este tipo de casos sólo se daba en la clase media baja pero te das cuenta que se da en la clase media y también en la clase alta” rememora al hablar de uno de los estados y de la ciudad de Mérida, que de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía es uno de los territorios con la mayor calidad de vida del país.

“El CEPREDEY cambió mi forma de pensar en una parte y me reafirmó en otra parte. Todos somos iguales, nos pinchan y nos sale sangre roja y quieres que todos tengamos las mismas opciones. Que todos tengan esas oportunidades que evitaron que uno cayera en el vicio. Pero eso no lo vas a lograr si no tienes el factor de cambio de tu lado que son las mujeres”, apuntó al mezclar sus experiencias pasadas con la proyección de su futuro en la política. “Los jóvenes también son factor de cambio pero aún no se las creen en cambio las mujeres sí nos la creemos”.

La vida de una senadora sin reflectores

La protagonista de esta historia aceptó hablar de su vida fuera de la Cámara Alta. Se define como una trabajadora entregada por su Yucatán, pero evita caer en frases comunes o en oraciones que pudieran considerarse como populistas. “Lo reconozco, sí busco mis horas para descansar”, lo dice mientras esboza una sonrisa. “Sin embargo, el teléfono está disponible las 24 horas del día. Si llaman y hay que actuar, salgo corriendo”.

Piden que no se le diga senadora, al menos que sea una entrevista pública para conservar las formas. Sugiere que se llame –Verónica- o –Vero-. No obstante, no encuentra un resultado positivo de su interlocutor por aquello de los fundamentos del periodismo que obliga respetar el cargo del entrevistado. La senadora dice que de martes a viernes está en Ciudad de México para cumplir con la agenda de un funcionario federal. “Pero cuando vengo (a Yucatán) paso un tiempo en mi oficina de enlace atendiendo asuntos locales, atendiendo a la gente”, afirma y lo muestra durante la entrevista, mientras en la parte de afuera había una fila de personas esperando hablar con ella. “Pero si busco pasar tiempo con mi familia, eso es esencial, incluso ellos mismos me dan a conocer algunos problemas que tienen la entidad”.

Y luego del senado…

Al defender su currículum, la senadora también buscó defender su visión. Apuntó que goza de juventud para ofrecerle sus mejores años a Yucatán. “Yo sigo siendo joven, hasta este año, no se vayan a reír cuando lean esta entrevista. Si alguien necesita la ayuda con algo y si yo estoy ahí parada lo voy hacer, utilizaré todos los medios para hacerlo”, esbozó sin tapujos. “Yo estoy decidida de darle a mi estado mi visión y mi visión es que todos podemos vivir en un territorio de armonía”. 

Camino Farjat, quien tiene más de cuatro años en el rol de legisladora, tres de ellos en el Congreso del Estado y uno como Senadora de la República, y quien nació prácticamente bajo el manto de la política con su madre, ex alcaldesa de Tizimín, no se considera una mujer de poder. “El político tiene la capacidad de hacer las cosas y tiene poder. Aunque puedes cambiar las cosas sin tener poder. Y el poder es atrayente. Aunque el poder no cambia a las personas, sencillamente revela quien es verdaderamente la persona, así de fácil.”, entonces ¿Quién es Verónica Camino Farjat?

“Las mujeres tenemos un justo valor en la sociedad pero no es lo que me define. Me define mi trabajo, mi preparación, mi amor por Yucatán”, finalizó.

En la blanca Mérida hay una comisaría que es aún más blanca

“Soy un artesano que no tiene nada que decir, pero sabe cómo decirlo.”

Federico Fellini / Cineasta italiano

Hay una vía que te lleva directamente a la plaza principal de la Comisaría de Dzityá. En ese trayecto, ya podemos ver a leones, esculturas y diferentes obras de los talleres que trabajan con la madera y la piedra. Pero al adentrarte un poco en sus calles, se puede apreciar unas grandes columnas de humo blanco que salen de las máquinas especializadas para picar la piedra. Esa nube al ras del suelo forma parte de esta tierra exclusivamente de artesanos que recientemente fue sede de una de las ferias más importantes de la capital yucateca: La Feria de Tunich.

Dzityá se ubica al norte de la Ciudad de Mérida, donde están creando la mayoría de los nuevos fraccionamientos dedicados exclusivamente a los altos estratos sociales. En sus calles, no se hablan de otras profesiones ya que todos están conectados con la artesanía.

Como en todos los rincones de Mérida y sus zonas conurbadas, el logo de Coca Cola adorna más de una pared. De resto, en sus paredes se repiten dos palabras: “Taller” y “Artesanía”.

Oficio heredado

Belén es la empleada de uno de los tantos talleres que se encuentran en esta comisaría meridana. El patrón no es desconocido, ya que se trata de su progenitor. “Mi papá heredó este oficio de mi abuelo. Mi hermano, mis tíos, es decir, todos somos artesanos”, dijo la creadora de pequeños accesorios para la cocina y otros lugares del hogar.

Belén no contempla otro escenario. Para ella, trabajar con la madera es como respirar, es un elemento habitual de su vida. “Nacimos con esto, mis padres, mis tíos, mis hermanos, a esto nos hemos dedicado siempre”, manifestó.

En el lugar donde trabaja, se ven los diferentes objetos tallados a mano, tal como rezaba el eslogan de la Feria de Tunich, “Hecho a mano”. Belén conoce esa ciudad blanca, al sentir los efectos del polvo que muestra ese mismo tono pálido al esculpir la piedra. Reconoce que anteriormente, ellos, los artesanos no tomaban medidas de precaución para evitar enfermedades respiratorias y efectos contaminantes del ambiente. “Luego vino el ayuntamiento, nos capacitó, nos dieron los tapabocas y ahora trabajamos sin contaminar el ambiente”, terció la yucateca artesana.

Por las principales calles de Dzityá es común ver caminando al comisario de esta zona, quien responde al nombre de  José Carlos Alfredo Cua Pool. Para hablar con la máxima autoridad de esta tierra de artesanos no hay que pedir cita ni hacer solicitudes por escrito. Con tan sólo ejercer la vieja maña de tocar la puerta ya es suficiente para entablar una plática con el comisario.

El nombre de Cua Pool se escribió con frecuencia en los medios de comunicación de Yucatán, toda vez que el ayuntamiento capitalino procedió a cerrar un taller meses atrás. Sin embargo, aprovecha la oportunidad para aclarar qué fue lo que ocurrió durante esos días. “Ese taller que se clausuró era uno independiente de todo, Ese taller se basó a su forma de pensar sin acercarse a las autoridades”, manifestó el comisario, quien al igual que sus vecinos está relacionado con el ejercicio de la artesanía. “El ayuntamiento siempre ha respetado nuestro trabajo, y nuestros usos y costumbre. Es una forma de vida que hemos tenido durante años.

Este funcionario público también toma la palabra por sus compañeros. Indicó que los artistas de Dzytia debieron cambiar la forma “artesanal” de hacer artesanía, para conocer cuál era la demanda de sus clientes, especialmente, los que pasaron a ocupar los nuevos fraccionamientos en el norte de la capital yucateca. Cuyo punto cardinal también ha sido testigo del levantamiento de dos ostentosas plazas comerciales.  “Nos hemos tenido que adaptar como se mueve el negocio en la actualidad. Anteriormente, era un movimiento muy artesanal, antes hacíamos vasos, molcajetes”, recordó Cua Pool. “Pero nos hemos tenido que adaptar a los que nos piden los habitantes de los nuevos fraccionamientos . Las piezas del baño, ahora son más modernas. Las cocinas llevan granito”, agregó el comisario.

Sin embargo, para conocer los productos de los artesanos de Dzityá no es necesario acudir a la comisaría, debido a que muchos de ellos, los puedes conocer a través de las páginas del Facebook. “Gracias al uso de las tecnologías las ventas han aumentado aproximadametente en un 70 por ciento”, comentó con optimismo.

La Feria de Tunich ya finalizó, un escaparate para los artesanos de Dzityá. No obstante, la piedra, la madera se siguen tallando en los 365 días del calendario.

En la miseria de la soledad

“La soledad se admira y desea cuando no se sufre, pero la necesidad humana de compartir cosas es evidente”

Carmen Martín Gaite

Aproximadamente a las 7 de la mañana, la luz del sol cruza el cuarto de Germán Ortega Esquivel. Probablemente a esa hora, este antiguo mototaxista se despierta y busca subirse a su silla de rueda. Es temprano en Kanasín, sin embargo, a este quincuagenario no le espera una ardua jornada. No tiene plan, a nadie a quien recibir y mucho menos a nadie a quien despedir.

Germán es un tipo solo. No tiene esposa ni hijos. Sus hermanos viven en Cuernavaca, mientras él habita una pequeña en el Fraccionamiento Bugambilias, en el municipio colindante de la blanca Mérida. Este sector es como el protagonista de esta historia, no figura en el mapa de Google ni tiene una señalización. Una situación similar con la historia de este mexicano, quien se ampara en su soledad.

Las horas pasan, aunque no hay un reloj que lo atestigüe, tampoco una agenda.. Perdió su trabajo de mototaxista hace nueve meses. Sólo sale hacia al frente a ver el horizonte. Ni siquiera, puede ver los carros pasar porque vive al final de una calle cerrada.  “Yo vivo solo en esta casa que no es mía y me la dieron, vivo aquí  solo, no tengo familia. Ellos están en México, en Cuernavaca”, dijo Ortega Esquivel desde su silla de ruedas.

Hace unas semanas, esta persona tuvo un accidente en el interior de su vivienda. “Me caí en el baño, estuve  20 días tirado pero como no tengo a nadie, no tengo familia, estuve ahí hasta que me rescató la policía de Kanasín”, recordó Germán de 53 años de edad. “Estuve sin comer, sin tomar agua”, agregó. Germán tiene una severa lesión congénita en las rodillas. Sus débiles ligamentos no le permiten estar de pie por mucho tiempo, es por ello que al caer en el baño de la casa prestada, no pudo recuperarse por sus propios medios.

Luego de que pasaran  aproximadamente 480 horas, es decir, tres semanas, un vecino habrá reportado su desaparición. La Policía municipal atendió el llamado y se acercó al lugar. Al entrar a la vivienda, ahí estaba Germán.En el suelo con un grado complejo de deshidratación (Las temperaturas en Yucatán oscilan por los 40 °C) y desnutrición.

Luego del hallazgo, este hombre solitario fue trasladado al Hospital Agustín O’Hooran, donde acuden la mayoría de los yucatecos que no gozan de seguridad social. En este nosocomio fue atendido y aseado. Germán contó con la ayuda una asociación de Mototaxis, compañeros de su antiguo empleo, quienes lo auxiliaron y le prestaron la colaboración mientras era atendido en el Centro de Salud. No obstante, el acercamiento no finalizó en buenos términos, de acuerdo con los propios transportistas, razón por la cual, decidieron retirarse del lugar.

De regreso a su rutina en el hogar, son casi las doce del mediodía. Germán cansado de ver las cuatro paredes, empuja la silla hasta la puerta. Allí, permanece inmóvil. El calor de afuera no es tan sofocante como en el interior de las cuatro paredes del predio kanasinero. Como a todos los seres humanos, a esa hora el estómago le recuerda que no ha comido. Sin embargo, no necesita voltear su mirada para saber que no hay alimentos en su “humilde morada”, tal como la describiría Cheo Feliciano.

La vecina de al frente lo mira y sabe lo que ocurre.  Guadalupe León Arenas, vive justo al frente. Antes de que German terminara en esta condición, ella aprovechaba sus servicios de mototaxi para ir al centro de Kanasín o para trasladarse a su trabajo en Mérida, la capital de Yucatán. Se apiada de él, cruza la calle por donde casi no pasan coches, y le lleva un poco de comida. “Yo lo ayudo con la comida a diario porque él está solo y no hay nadie que lo ayude”, dice la abnegada ciudadana sobre su compañero de Colonia. “Y como sabes no todos están pendiente de ayudarlo”.

German aprovecha cualquier tipo de conversación para interrumpir su soledad. Cuenta su condición sin pudor alguno, con la esperanza de recibir una ayuda. Confiesa que al llegar a Yucatán tuvo una pareja, pero la mujer decidió dejarlo hace unos años. Mientras habla, las moscas también disfrutan de la sazón de la vecina. Al frente de su casa, la maleza está a la altura de las rodillas, obstaculiza por completo la entrada al hogar. Entre el verde de la hojarasca, está una ropa desordenada, arrugada y probablemente mugrienta. Es su vestuario. “No tengo donde lavar ni guardarla”, dijo. Al estar en la intemperie, la indumentaria recibe todos los días los rayos solares y en los días de lluvia, también recibe  las gotas.

De pronto, suelta una frase contundente, cargada de verdad que desnuda su cruenta realidad.  “No tengo dinero, no tengo trabajo no tengo los medicamentos, no tengo agua, estoy en la miseria”. Tras esas palabras, no hubo más nada que agregar, liberó todo, la conversación estaba concluida. German Ortega Esquivel regresó a su rutina, es decir, a la nada.