Rigoberta y la no traducción del Maya

U hel u hel cacau, u hel u hel takin, u hel u hel ixim

“Con cacao se paga el cacao, con dinero el dinero y con maíz el maíz”

Las primeras palabras de la ganadora del premio Nobel de la Paz de 1992, Rigoberta Menchú Tum, en la Cumbre que se llevó a cabo recientemente en Mérida, Yucatán, fueron en Maya Quiché. Sin embargo, probablemente, sobraron los dedos de las manos para contar quienes las entendieron. “Y no hay traductor, que lástima”, soltó la guatemalteca en el momento de su introducción.

 Desde su llegada al Aeropuerto Internacional Manuel Crescencio Rejón de la capital yucateca dijo que iba a hablar de temas actuales como la migración y cumplió con su palabra. Cuestionó lo que pasa en el mundo con relación a este difícil tema, especialmente en la línea fronteriza entre Estados Unidos y México. La dos veces candidata a la presidencia de Guatemala imploró por el respeto al ser humano sin importar el territorio que esté pisando. “En algún momento tenemos cara de migrantes. Yo creo que es aberrante pensar que hay humanos legales e ilegales”, dijo la defensora de los derechos humanos de los pueblos indígenas y grupos vulnerables.  “Quien tiene la osadía para ver quien es legal y quien es no legal, creo que hay algunas cosas que tenemos que atacar con contundencia” señaló en la Cumbre que finalizó el pasado 21 de septiembre.

Rigoberta Menchú con el Gobernador de Yucatán, Mauricio Vila Dosal

Desde una tribuna bien iluminada, la ciudadana centroamericana acotó que los prejuicios hacia los migrantes deben ser eliminados en las escuelas de todos los países. Esto, al proponer un modelo educativo en el que se inculque la tolerancia de todos los ciudadanos. “Yo estoy pidiendo que todas las instalaciones educativas deben aumentar el compromiso de donde venga, cual sea su idioma, valorar al ser humano. Creo que hemos estigmatizado al ser humano y los hemos metido en un molde y no es así” vociferó en medio de los vítores de los presentes.

Respeto al término “Lesa Humanidad”

En su trabajo en defensa de los pueblos indígenas, Menchú Tum se encontró frente a frente con los desmanes del hombre, al ser testigo de las fosas comunes que había en su natal Guatemala. “Yo creo que no hay que folklorizar el término de delitos de lesa humanidad, nosotros hicimos en Guatemala 206 exhumaciones de fosas comunes donde establecimos 46 comunidades aniquiladas, destruidas que podemos decir que solo quedaron las fosas comunes”, recordó la laureada en el estado de paz de Yucatán.  

Con estas palabras, la activista pidió no banalizar el término “delitos de lesa humanidad” o utilizarlo de manera responsable. Esto, con la intención de que no sólo se le pongan etiquetas a los crímenes, sino de evitar la impunidad en los abusos atroces que se cometen en diversos rincones de América Latina. “Yo pienso que los delitos de lesa humanidad hay que fundamentarlos, en primer lugar hay que usar la norma interna, aquí en México hay algunos casos de la Corte interamericana que estoy segura que servirán para combatir la impunidad, las injusticias”, sentenció.

Valor a la cultura maya

La cultura maya se extiende por todo el sureste mexicano hasta llegar a los pueblos mesoamericanos de Guatemala, Belice, El Salvador y Honduras. Desde el inicio de sus palabras en Maya Quiché, Menchú Tum buscó transmitir la exigencia de reconocimiento y valoración hacia el legado de las diferentes comunidades indígenas.  Para ella, el detalle estuvo en el significado de algunas palabras. “Ya no hay que decirle ruinas a los templos Mayas”, espetó la laureada en un territorio que presume darle continuidad a una cultura originaria. “Es común escuchar, -los voy a llevar a las ruinas de Chichén (Itzá) o los voy a llevar a las ruinas de Tikal (Guatemala), entonces nosotros tenemos que hacer una lucha para que ya no nos ubiquen y que sepan que no son  ruinas, sino  templos mayas”, puntualizó.

Ni la tinta del pulpo

“Algunos van a la iglesia y piensan en pescar, otros van a pescar y piensan en Dios.”

Tony Blake

El despertador sonó más temprano de lo normal o quizás no hizo falta, levantarse de la hamaca a media madrugada forma parte de la rutina de los pescadores de la costa yucateca. Juan Bautista Campos dejó todo preparado desde la noche anterior. Las redes, la caña y el motor con combustible, todo se encontraba en la embarcación para surcar el mar y comenzar una nueva jornada.

No era la víspera de un amanecer cualquiera. Juan no estaba pensando en el mero, sino en el pulpo. El calendario marcaba 1 de agosto, día en que inicia la temporada de captura de este cotizado molusco, conocido como “pulpo yucateco”, altamente apreciado en el mercado internacional, especialmente en el asiático.

Aún faltaban algunas horas para que el sol despuntara donde el mar termina para la vista del ser humano. Las olas movían la lancha aunque sin brusquedad. Era la época del año en que el mar se encuentra mucho más sereno, lo que complica la pesca de cualquier especie pues los animales no tienen la necesidad de moverse en su hábitat.

Pese a las condiciones este yucateco, con nombre bíblico, zarpó en busca de su sustento, y ya en lo que se considera “altamar”, Juan Bautista, lanzó la red al agua y con ella también elevaba sus esperanzas en el inicio de una temporada que prometía bonanza.

El sol se asomaba mientras la jornada se alejaba de la expectativa. Sólo un molusco con sus tentáculos se había enredado en la red. El agua se mantenía muy serena, no así la paciencia del homónimo de la persona que bautizó a Jesús de Nazareth. El astro rey empezó a hacer de las suyas, calentando el ambiente y enfriando el ánimo de los pescadores. Mientras avanzaba la mañana, las olas apenas se sentían y el equipo de pesca permanecía sin movimiento. La esperanza se convirtió en ira, mientras Juan y sus compañeros comentaban para ninguno había sido un inicio de temporada de pulpo positivo. Comenzó la cuenta pero nadie llegó al doble digito. “Llevo uno”, “Yo he capturado a dos”, “Estoy perdiendo lana, no ha caído ninguno y ya gasté mis equipos y combustible”, “Puta madre”, “Está de la verga”, “Es culpa de la pesca furtiva”, ¡Bingo!.

Todos los pescadores, coléricos, saben que la mala jornada obedece a que piratas de mar, sin permiso de las autoridades, han irrespetado el tiempo de veda y en consecuencia depredado esta especie del mar caribe, del mar yucateco.

Del agua pasaron a tierra firme. Juan Bautista dejó su lancha en el puerto de Chicxulub para trasladarse a Mérida y protestar en contra de las autoridades federales. El plan de austeridad impulsado por el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, disminuyó el número de inspectores en la costa; es decir, ese personal encargado de vigilar que las embarcaciones -que salen y entran- cuenten con los permisos necesarios para la actividad pesquera.

“Salimos todos los días pero no se ha estado atrapando nada” dijo el pescador plantado a las puertas de la delegación de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural Delegación Yucatán, donde también tiene su sede la Comisión Nacional de Pesca en Mérida.

“Cuatro o cinco pulpos nada más. Antes se traía cuarenta o treinta kilos pero ahorita nada. Está muy difícil, muy difícil”, dijo el productor del mar inmerso en un estado de enojo.

Exigencia no diplomática

El gobernador de Yucatán, Mauricio Vila Dosal, ha encabezado las evaluaciones de los 32 gobernadores de la República de los Estados Unidos Mexicanos. Uno de los últimos sondeos lo hizo el diario El Financiero, a través de su encuestador Alejandro Moreno. El estudio colocó al gobernante yucateco con la mejor aceptación  por los habitantes de su estado. Esto, se suma a los altos índices de seguridad que tiene la entidad y un crecimiento económico del 3,1 por ciento.

En este camino, en menos de un año de gestión, Vila Dosal ha recibido en tres ocasiones al presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, y -entre ambos- se han bañado de elogios.

Por el momento, el mandatario yucateco deja a un lado la diplomacia y alza la voz para proferir una exigencia al gobierno federal; especialmente a CONAPESCA. 

“Desde aquí le volvemos a hacer un llamado respetuoso pero enérgico a CONAPESCA”, dijo el gobernador en su visita al municipio costero de Dzilam de Bravo. “…Que asuma su responsabilidad, que nos dé a Yucatán los inspectores que necesitamos para que los que sí respetan las vedas, cuando salgan a pescar, puedan tener el sustento para sus familias”, vociferó Vila Dosal en el inicio de la construcción de un malecón para el referido pueblo que tiene a la pesca como su principal actividad comercial.

El alcalde de Dzilam de Bravo, Daniel Armando Herrera Rivera, indicó que en los kilómetros de costa que están dentro de su jurisdicción no se percibe la presencia de los inspectores, que de acuerdo con los pesqueros y del propio Vila, sólo hay asignados a Yucatán.

“Sí hay pesca furtiva, desde el ayuntamiento intentamos llevar un control pero no ha sido fácil. Aquí en el municipio nunca se han presentado esos dos inspectores”, reclamó el presidente municipal.

La Naval, portavoz del pueblo

Sobre este tema, el comandante de la Novena Zona Naval, el vicealmirante Carlos Humberto Lanz Gutiérrez fue cuidadoso en sus palabras y evitó tomar una postura sobre este tema o de dejar una crítica hacia las autoridades responsables de custodiar las costas. “La pesca furtiva es un fenómeno que no se acaba” dijo el militar adscrito a la armada.

“Entonces el reclamo es de parte de los pescadores que sí están legales, que tienen sus permisos y están en contra de estas personas que vienen de afuera, que no le tienen el amor a su tierra”, puntualizó Lanz Gutiérrez al agregar que acompaña la exigencia a CONAPESCA del gobernador.

La temporada de captura de pulpo finalizará el 15 de diciembre y aunque empezó el pasado 1 de agosto, los pescadores esperan que el molusco haga su aparición formal.

Rockanrolea y juega con tus hijos

“La música puede cambiar el mundo porque puede cambiar a las personas”.

Bono, cantante de U2

La pierna no paraba de moverse. Un ritmo de antaño tenía vigencia en el ritmo de los presentes en la ludoteca, aunque estos asistieron a este lugar llamado Smart Fun Mid ubicada en la Colonia Monte de Amé, específicamente en la Plaza San Angelo, en busca de tranquilidad y paz. Sin embargo, los acordes de “Yellow Submarine” no respetan los intereses, como tampoco lo hizo en 1966, cuando en la voz del baterista de Los Beatles, Ringo Star, ocupó los primeros lugares de popularidad en el Reino Unido. Todos se movían, bailaban sonreían. Ese era el ambiente en esta ludoteca en la que puedes llevar a los pequeños de la casa a divertirse, y al tiempo, rockanrollear al ritmo de los cuatro de Liverpool, o de Queen, o de cualquier otra maravillosa banda británica o estadounidense.

Así se vive la experiencia en Smart Fun Mid, una iniciativa de Mariana Ramírez y Pamela Giza que ha llamado la atención de las madres y padres de familia que buscan que sus hijos vivan una experiencia diferente. “La idea de Smart Fun surge porque nos preocupa que en la actualidad los niños no tienen tantos espacios recreativos libres de pantallas” dijo Ramírez en alusión al frenesí que tienen los infantes por el uso de las novedosas tablets y teléfonos celulares. “Desde que somos mamás, nos dimos cuenta que  hay pocos lugares que fomentan la interacción padres con hijos, y menos lugares en donde los papás puedan tener un tiempo de calidad, tanto en familia como solos, por esto, surge la idea de hacer un coworking en un espacio de ludoteca” esbozó una de las fundadoras, madre de tres niños.  En este rincón en el norte de la Ciudad de Mérida, no sólo los pequeños disfrutan sino también los más grandes, incluyendo los abuelos.

Estas dos mexicanas tuvieron una preocupación genuina para que la avalancha de la tecnología o el avasallante ritmo del crecimiento de la ciudad de Mérida, no cambiara la formación de los que hoy son los niños de la capital yucateca, pero que mañana serán los encargados de mover la economía, la cultura, la política y el ámbito social de la entidad. “Queremos llegar a la gente y crear conciencia sobre la importancia del juego y de la convivencia familiar. Nos gustaría crecer y poner más Smart Funs, sin perder la base de nuestros valores y que las familias disfruten de las instalaciones y los servicios que ofrecemos”, espetó Mariana Ramírez.

Al tiempo, un teclado, una guitarra y una batería crean el ambiente. Nos hacen recordar a John Lennon, A Paul McCarney, a George Harrison y el mencionado Ringo. Los Beatles revolucionaron la década de los 60´s, es decir, era el tiempo de los abuelos de los niños que hoy juegan en Smart Fun Mid.

Los músicos Alex Palma, Mauricio Zoreda  y Andrés Reyna no sólo revivieron al cuarteto de Liverpool, también reencarnaron al mismísimo Freddy Mercury. Las cuatro paredes retumbaron con “Dont Stop Me Now”, canción del grupo Queen que se renovó con las nuevas generaciones a raíz de la película Bohemian Rapsoddy. Entretanto, los niños seguían inmersos en la piscina de pelotas, en el piano de juguetes y tampoco se detenían en el tobogán, tal como demandaba la canción que en su traducción dice, “No me detengas”.

En las mesas conviven diferentes profesiones: Amas de casa, periodistas, abogados y diseñadores industriales, como era el caso de una ciudadana colombiana, madres de dos niños y con 7 años de residencia en Yucatán. “Tengo que trabajar  y estoy atrasada con una entrega, así que aquí me quedo hasta que me boten” dijo en tono de broma la ciudadana suramericana.

“También contamos con talleres pensados de tal manera, que tanto los niños como los papás puedan aprender de manera divertida, todo esto gracias al acompañamiento de nuestras guías de juego y maestros especializados en su área y con un objetivo en común, que es la enseñanza a través del juego”, dijo Ramírez sobre  su emprendimiento ubicado en la Plaza Angelo con un horario de 8 de la mañana hasta las 20 horas de lunes a sábado y los domingos, desde las 9 AM hasta las 18.

Sin embargo, no todo es felicidad. A la hora que los padres deciden que se tienen que marchar, se origina automáticamente el llanto de los pequeños. Aunque esas lágrimas, para Mariana y Pamela, indican que están logrando el objetivo con esta ludoteca.  “Para nosotras, el ver que los niños tienen un momento divertido y de aprendizaje, nos llena de emoción, ya que todos los niños tienen derecho de tener una infancia así. Nuestra aportación al mundo es buscar que los niños mientras se divierten, también aprendan”, declaró la cofundadora.

Mariana y Pamela aprovechan estas líneas para invitar a las familias yucatecas a acudir a este lugar con nombre inglés, pero que aprovecha los conocimientos en pedagogía y de la música, para deleitar a sus visitantes.”Smart Fun, es un lugar en donde chicos y grandes van a pasar un momento increíble, ya que contamos con espacios de coworking, coplaying y coparenting, en donde tú decides si vas a jugar con tu pequeño, puedes trabajar, desayunar, comer o tomar un café con amigos y familia”, finalizó.

Se desafinó la guitarra del espiteño

“Cuando lo manda el destino no lo cambia ni el más bravo, Si necesitas un martillo del cielo te caen los clavos”

Rubén Blades en la canción Pedro Navaja.

Víctor Correa se preparaba para vivir una vejez tranquila. Es un yucateco de hueso colorado. Nació en Peto pero creció y vivió gran parte de sus buenos años en el municipio de Espita. La guitarra lo llevó a Mérida, la capital de Yucatán, cuando tan sólo contaba con 31 años de edad. Ciertamente, en Mérida se vive a un ritmo diferente al de Espita, pero cuando este octogenario comenzó su nueva vida en la blanca ciudad, también se caracterizaba por ofrecer calidad de vida.

En sus palabras y con su semblante, Correa exhibe su orgullo por haber llevado una vida de músico, de tocar trova, la música yucateca. Los acordes de su guitarra transmitían armonía. No obstante -proyectando una metáfora- las cuerdas que le daban música a su vida se desafinaron una tarde de enero de 2015 cuando, al regresar del trabajo, vio a unos extraños en la puerta de su casa ubicada en el nororiente de Mérida. “Vi a cuatro individuos, uno de ellos escribiendo, me detuve en el carro y les dije: caballero ¿en qué puedo servirles?; y el actuario me dice: tiene diez días para defender su propiedad, recordó el espiteño que hoy cuenta con 81 años de edad.

 “En el expediente había un pagaré, le dije: yo nunca he firmado eso y por esta cantidad jamás, lo máximo que una vez pedí en el banco 6 u 8 mil pesos, fuera de eso nada”, dijo el protagonista de esta historia al recordar ese momento le ha amargado tanto a él, como a su esposa y a sus tres hijos, el resto de sus días hasta la fecha. “Que nos habían dado 440 mil pesos en efectivo con una tasa de reembolso del 7 por ciento bimensual, ¡imagínese!, quién va a tomar eso, uno que esté loco, yo les dije es una muy mala broma y me respondieron, no es broma ya lo vio”, puntualizó.

Desde aquella tarde, Correa y su familia han vivido una pesadilla. Pero, este adulto mayor, no se amilanó y ante esta sorpresa de la vida, decidió dejar la queja de un lado y tomar cartas en el asunto con un grupo de abogados que ha trabajado en los tribunales su defensa.

Este yucateco elevó la queja ante las autoridades por un intento de estafa. Un movimiento que no es novedoso en Yucatán, debido a que hay varios antecedentes de este tipo en un estado que exhibe los mejores índices de seguridad en toda la agitada República Mexicana. “Me conseguí un equipo de abogados que son muy buenos gracias a un amigo”, agregó a su historia.

Correa Delgado vive en el Fraccionamiento Los Pinos, en una posición privilegiada. Cerca de su predio, se encuentra la Macroplaza, un Walmart y una serie de establecimientos modernos que le dan plusvalía a su vivienda. En la calle donde vive, su casa es quizá la que se observa con menor mantenimiento, un elemento que se puede considerar normal para una pareja de adultos mayores que perdieron la tranquilidad desde hace casi un lustro.

Los golpes de la vida

La primera cita para conocer la historia de este octogenario no se concretó porque su esposa se sentía muy mal y como buen conyuge, Don Víctor, prefirió dedicarse a ella. En el segundo encuentro, pidió que la entrevista fuese en horas de la tarde debido a que tenía que ir -junto con su compañera de vida- al Instituto Mexicano del Seguro Social. “Pues la verdad sí nos han enfermado, nos han estresado”, confiesa este hombre que lucha por no perder su patrimonio.

De acuerdo con Don Víctor, tras cuatro años de litigio, el caso ya se encuentra en un juzgado federal. Se muestra confiado de que no va a perder su predio, pero no deja de estar al pendiente con los especialistas del derecho que defienden su causa.

Antecedentes

Don Víctor asegura que es un asiduo lector de noticias. Gracias a esta práctica conoció la historia de Rosa Elena González Sierra, viuda y de 88 años de edad. Esta ancianita yucateca perdió su casa ubicada en el rumbo de la Ermita Santa Isabel, en el centro de Mérida. Ella fue víctima de la misma práctica por parte de supuestos integrantes de una mafia inmobiliaria. El modus operandi fue el mismo: le presentaron un pagaré que no recuerda haber firmado, luego de un largo litigio le cambiaron la cerradura de su casa y no pudo volver a entrar.

Además de ese caso, al afectado del Fraccionamiento Los Pinos, le llegó a su puerta otro caso. “Anoche nos visitó una pareja de gente mayor que dice que le despojaron de su casa, evaluada en dos millones de pesos y que son los mismos sujetos que llegaron hasta mi casa”, comentó.

En la mesa de la familia Correa, hay un ventilador encendido y dos cajas de medicina del Seguro Social. Don Víctor todavía tiene fuerza para tocar la guitarra, todavía lo disfruta. “Si me hubiese conocido hace tres años  todavía estaba yo fortachón. Le doy gracias a Dios que todavía estamos en la lucha a los 81 años”, finalizó.

La amenaza de los timadores de oficio en Mérida

“Muchos han comerciado con ilusiones y falsos milagros, engañando a la estúpida multitud.”

Leonardo Da Vinci

Son las 7 de la noche de un sábado. Afuera, cientos de meridanos disfrutan el ambiente ameno de la bici-ruta nocturna, un evento organizado una vez a la semana por el ayuntamiento de la capital yucateca. Entretanto, en el Starbucks de la famosa avenida Paseo de Montejo, un grupo de diez personas o más acuden a una convocatoria por parte de supuestos seres exitosos que le prometen un mejor futuro para sus vidas.

El sol se oculta para darle paso a la obscuridad característica de la noche. Es el primer día del fin de semana, cuando muchos ya dejaron de trabajar y empiezan a disfrutar del descanso. Sin embargo, la referida reunión interrumpe la merecida pausa semanal de personas que buscan un mejor porvenir, o sencillamente una oportunidad de abandonar el empleo que tanto les molesta.

El escenario es la parte superior de esta tienda que tuvo su origen en Estados Unidos. Starbucks no es barato y tampoco te ofrece un simple café Capuchino, Latte o Expreso; lo que brinda esta marca es la experiencia de tomarte una bebida en sus tiendas, elegantes, ostentosas, con un buen aire acondicionado y wifi ilimitado.

Comienza la exposición de los supuestos seres exitosos. Aquellos que le van a enseñar a los otros cómo ganar mucho dinero sin necesidad de cumplir un tedioso horario de oficina. Una oferta maravillosa con el exquisito ofrecimiento de que van a poder trabajar cerca de su casa o sin salir de ella. Sin embargo, la cita no es en una sede privada propiedad de los supuestos triunfadores, es en un recinto público. La bonanza del oficio de estos tampoco le permite invitar al menos un café chico a sus objetivos cautos, esos que dejaron a sus familiares un sábado por la noche para acudir a la mentada presentación del éxito.

Una mujer, bien peinada, toma la palabra en el encuentro. Se presenta y hace la introducción de la compañía que tiene como objetivo llevar internet a los celulares de los ingenuos asistentes. Les ofrece un mundo mejor que lo que puede prometer Carlos Slim con Telcel, o mejores beneficios que tener una línea Movistar y/o AT&T. Le dicen que internet es el futuro del mundo comercial (verdad irrefutable).

Su discurso no es tan largo. Luego de la introducción, le da la palabra a una persona que supuestamente ya entró en el negocio y que vive en la plena felicidad al conocer el éxito y el dinero. No obstante, su indumentaria dista de su discurso. Su arenga no es empírica, parece un diálogo aprendido en el que detalla muy bien cuándo apareció por primera vez el mundo cibernauta, entre otros pormenores sobre su nuevo “negocio”. Ella, sí se extiende en su plática, la cual es interrumpida por los aplausos de los asistentes.

Retoma su discurso pero lo vuelve a cortar, esta vez por una repentina tos. “Me ahogué de la emoción de compartir este momento con ustedes” le dice al auditorio que apenas acaba de conocer.

Una voz sale desde atrás. Es un señor de aproximadamente 55 años. Lleva una camisa con las mangas recogidas. Lleva un reloj llamativo aunque el pantalón de mezclilla y sus zapatos son corrientes. Explica que con este negocio tendrán interacción de venta con otros 26 países. El origen de la empresa a la que los están invitando tiene su sede en Estados Unidos, aunque no dice el nombre de la corporación ni como se llama el fundador.

El sujeto expresa que está preocupado por el futuro de ellos, al tiempo, vocifera que no tiene interés por los que no están en la reunión, su inquietud se limita a ellos.
En sus palabras, suelta una cifra. “Comenzamos con una inversión de seis mil pesos”. Los presiona para que actúen inmediatamente. “Yo tengo tres años en esta empresa, sé muy bien para donde va y en los próximos sesenta días va a ocurrir algo extraordinario” espetó sin ofrecer más detalles.

La reunión concluyó aproximadamente a las nueve de la noche, sonrisas y apretones de manos en la despedida. Algunos se retiraron convencidos, otros con expectativas y los más invulnerables con dudas. La mesa terminó limpia porque nadie compró café en Starbucks.

Capacitación en el centro

Los postes del centro de Mérida son una bolsa de trabajo inconmensurable. Ahí pegan cualquier ofrecimiento laboral, o dejan su contacto personas que colocan sus servicios a la disposición. Uno de ellos llama la atención, quizás de los más necesitados: No piden experiencia, sólo ir a trabajar tras el ofrecimiento de capacitarte y pagarte 1,500 pesos semanales. Eso sí, debes decir que vas referido por la persona cuyo el nombre está escrito en el papel.

Te convocan a una reunión para iniciar el entrenamiento, es en la calle 61 del Centro entre 52 y 54. La cita es a primera hora del sábado. El salón está lleno. También dicen que es una empresa con sede en Estados Unidos, aunque no se refieren directamente al empleo. La charla parece una ponencia de autoestima y, a la vez, es un constante reto a tu paciencia. “Si no muestras ganas, no tienes el empleo, si no asistes a toda la capacitación, no te damos el trabajo. Debes responder constantemente preguntas que se repiten: ¿Le van a echar ganas? Sí, ¿Quieren dinero? Sí.

La persona que da la bienvenida comienza con un discurso agitado y suelta palabra tras palabra. Les pide a sus supuestos futuros empleados que no se dejen llevar por el aspecto antiguo de la oficina. “Hay gente que prefiere ir a Liverpool, portar lujosos trajes, trabajar en aire acondicionado pero sin varos en los bolsillos”, dice en un tono peyorativo el ponente al tiempo que presume que él si tiene dinero mientras viste un desgastado traje azul y una corbata mal amarrada.

Luego de su ponencia, le pide a los presentes que sigan actuando como lo están haciendo, les hace hincapié en que van “muy bien” en aras de obtener el trabajo, y así hace la antesala a “la jefa de la oficina” quien representa un filtro más estricto. Acto seguido, hace su entrada una mujer, la misma que abrió la puerta a las siete de la mañana a los asistentes.

Ella advierte que la publicidad que existe en las calles “ofende” a los que están adentro del negocio. Luego informa que el negocio se trata de vender productos de belleza femenina, aunque no los muestran por ningún lado. Continúa con un discurso emocional, en el que habla que todo lo hace por sus hijos. Le pide a los inocentes escuchas que cierren los ojos para mostrarle un premio (si los abren antes del aviso no tienen el trabajo) y muestra un trofeo gigante. Es un acto simbólico para decirles lo que pueden ganar si continúan con ellos. Termina la jornada y en la despedida, les recuerda que si no van el domingo, tampoco van a tener el trabajo de sus sueños.