La soledad y la cárcel del COVID-19

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Son días difíciles en el mundo. El encierro por la cuarentena ante la pandemia del COVID-19 no son simples palabras. Estar entre cuatro paredes representa un castigo.  Tanto es así, que cuando una persona comete un asesinato, un robo, una estafa, un acto de violencia, la pena generalizada en el mundo es el encierro, sólo en algunos casos y en ciertos países del mundo, existe la pena de muerte.

El preso sólo tiene un cuarto, acompañado por otras personas, que pueden ser amigos o enemigos. Tiene la posibilidad de salir hacia un patio, disfrutar de un poco del sol e incluso tiene las tres comidas del día. En algunos centros de rehabilitación, le ofrecen a los reos actividades deportivas, culturales, acceso a libros y hasta ver una película. Más allá de ese encierro, no tienen más nada. Ese es la condena por quitar inapropiadamente algo que no era suyo, por apagar otra vida o por cualquier otro ilícito. Cualquier parecido con la realidad actual por el coronavirus, es mera coincidencia.

La descripción del Auditorio Azul de Marvin Santiago va acorde en estos días. “Verde la esperanza de partir un día para no volver. El hombre va cambiando y no es el mismo…bajo un cielo añil”. Este término, añil, se utiliza para hechos relacionados con la vida, el conocimiento y la percepción. Insistimos, pura coincidencia.

En estos días de calor, los yucatecos pasan más tiempo en las plazas o en las playas vírgenes de la entidad, para contrarrestar el efecto de la temperatura en el interior de sus hogares. Pero esas plazas, de las más antiguas como Plaza Fiesta hasta las más novedosas como La Isla o The Harbor, están cerradas. La Secretaría de Seguridad Pública ha estado alejando a la gente de las playas para evitar las conglomeraciones.

Para este domingo 11 de abril, Protección Civil de Yucatán pronóstico que en algunos municipios como Maxcanú, Halachó, entre otros, el termómetro podría alcanzar los 44 grados Celsius.

Ley Seca y la Violencia doméstica

Desde que las autoridades suspendieron toda actividad académica y comercial como estrategia para frenar la contingencia, algunos ayuntamientos como el de Mérida y el propio Gobierno del Estado, han lanzado diversas campañas para también frenar la violencia doméstica en los predios yucatecos. Para reforzar estas medidas y disminuir el porcentaje de agresiones de índole de género, el ejecutivo yucateco decretó una “Ley Seca”, la cual se extenderá hasta el 30 de abril.

En este sentido, se cumple el axioma religioso “Todos pagan justo por pecadores”. Ciertamente, en ciudades como Mérida, hay estudios que respaldan que la violencia en los hogares está ligada al alto consumo de alcohol. Asimismo, también está relacionado el alto consumo de bebidas embriagantes como la cerveza, a las altas temperaturas como mecanismo de defensa para refrescar los cuerpos.

Las autoridades se han visto en la obligación de tomar decisiones, por más impopulares que sean, los ciudadanos han cumplido una alta cuota de sacrificio. El COVID-19 sigue en las calles con estadísticas ascendentes. Sin embargo, aún vemos lejos números trágicos como los que registran otras ciudades del mundo como la propia capital de la República, Nueva York, Madrid, Milán, entre otras. El encierro va acompañado con un plan de rehabilitación, cada quien que trace el suyo.