“LA PANDEMIA NO HA SIDO UN CASTIGO DE DIOS”

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Hoy el sol no salió temprano, la mañana tenía un tono gris que hacía recordar la lluvia de la noche anterior. El centro de Mérida comenzaba su tercera jornada del Plan de Movilidad Urbana que implementó el Gobierno de Yucatán para disminuir los casos de coronavirus. Pero esta mañana tenía algo diferente en la rutina inerte de los últimos seis meses: Habían personas a la espera que la catedral San Ildefonso abrieran sus puertas por primera vez desde el pasado 19 de marzo.

La primera en la fila era Rosa María Barrera Márquez, una yucateca que mostraba un semblante que denotaba tristeza y que  se había apostado en la reja de la entrada desde las 6 de la mañana. “Una felicidad entrar en la casa de Dios que hace rato que no venimos porque esta triste mi alma debido a que se murió mi hijo y vengo a pedir por él”, dijo con tono desconsolado. ”Por un accidente murió mi hijo joven sano, saludable se fue mi hijo”, agregó.

La fila de las personas que buscaban reencontrarse con el Cristo de grandes dimensiones que reposa en el fondo de la catedral meridana estaba conformada en su mayoría por adultos mayores, aunque a ellos se les había pedido que se quedaran en sus hogares debido a que son considerados población de riesgo ante el peligro del coronavirus. “Mucha alegría, mucha paz”, dijo en el sitio Beatriz Echazarreta. “Aunque todos los días escucho misa por celular o por televisión no he dejado de rezar”, espetó.

A las ocho de la mañana se realizó la tan esperada apertura del templo. Los fieles tenían que portar cubrebocas y fueron entrando uno por uno para mantener la sana distancia, pero antes fueron rociados con sanitizante en la entrada.l

A la cita religiosa también acudieron autoridades del estado y del municipio. La primera en ocupar un lugar en el banco de la primera fila fue la Secretaria de Gobierno, María Fritz Sierra, quien estuvo acompaña por el sub-secretario de Gobernación y Asuntos Religiosos, Víctor Hugo Lozano Poveda. Luego, hizo su ingreso, el alcalde de la capital, Renán Barrera Concha.

 Durante la homilía, el Arzobisbo de Yucatán, Moseñor Gustavo Rodríguez Vega, aclaró que la pandemia del COVID 19 no obedeció a un acto de ira del creador. “No ha sido de ninguna forma castigo de Dios ya lo hemos dicho y lo repetimos categóricamente no es un castigo de Dios pero sí ha sido una gran oportunidad para volver a Dios, ha sido una gran oportunidad para volver al prójimo”, dijo el alto jerarca de la iglesia católica en el estado. “Es motivo de gran alegría para muchos fieles que estaban ansiosos por querer ver presencialmente la misa y recibir la comunión también es de mucha alegría para los sacerdotes ver las puertas abiertas de nuestros templos”, dijo el prelado, quien felicitó a las autoridades por las decisiones tomadas durante la pandemia y por aguantar las críticas. El Arzobisbo agregó que muchos de los cuestionamientos hacia las decisiones del Gobierno o del Ayuntamiento, fueron impulsados por la ignorancia o el desconocimiento que se tenía sobre esta nueva enfermedad.

Ostia en la mano

La comunión fue entregada en las manos de los católicos, de esos pocos que se acercaron a comulgar por tener más de seis meses sin cumplir con el sacramento de la confesión. Asimismo, la paz entre los 60 fieles que ocuparon los bancos distanciados de la catedral fue a través de señas o pequeñas genuflexiones y sin contacto físico.