Tras el paso del huracán Delta ¿Qué pasó con los del sur de Mérida?

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Luego del paso del huracán Delta la atención se ha centrado en el norte de Mérida, donde numerosas familias viven una situación dramática. Sin embargo, en el sur de la misma capital, también hay cientos de familias que viven en situaciones extremas antes, durante y después del fenómeno meteorológico.

En el sur de la Blanca Mérida hay varios asentamientos ilegales, en los que llegaron algunas familias completas que ocuparon una porción de terreno. Algunos de ellos, arribaron a este lugar de forma arbitraria y exigiéndoles al gobierno un mejor futuro, otros terminaron en este punto de la ciudad por no tener una mejor opción. Lo cierto, es que a todos ellos, sin discreción, les cayó la lluvia que originó el huracán.

En el fraccionamiento Roble Alborada, cerca de una de las salidas de la avenida Itzáes se encuentra uno de estos asentamientos que también se les llaman “invasiones”. Las fuertes rachas de vientos tumbaron la casa de Sebastián Díaz Díaz, cuyas paredes eran láminas de zinc, las cuales estaban colocadas sin un previo de ingeniería o de albañilería.   “Nos voló toda la lámina y nos inundó de agua pues no puedo pasar por allá porque está lleno del agua”, dijo este yucateco mientras sostenía algunas pertenencias. “Ahorita se bajó un poco más porque ayer no podía pasar. Si nos afectó un poco por la lluvia esa”, dijo el habitante del asentamiento que llevó a sus hijos a una casa en el Fraccionamiento de Juan Pablo II, en el poniente de Mérida.

Luego de las láminas de zinc apiladas en el suelo, está la morada de Raúl Alberto Abraham Novelo. Su casa es de madera y otros materiales y al igual que el resto de las casas, comparten el mismo suelo, el cual es la tierra aún mojada.  Su casa si se mantuvo en pie y las hamacas siguen colocadas en el mismo sitio, desde que pasó el huracán por tierras yucatecas. “Más o menos no fue tanto pero si se inundó todo eso. Si se llenó de agua”,dijo este ciudadano, quien dice que viene del municipio de Umán y que recordó cuál fue su solución mientras caía la copiosa lluvia el pasado miércoles. “Estaba acostado y no nos bajamos de la hamaca”, recordó.

Lluvia y hambre

Ya pasada la lluvia, Martín Chan pega algunos bloques casi a las 12 del mediodía bajo el inclemente sol característico de Yucatán. Él no vive en el asentamiento pero sí es vecino de la humilde colonia y aseguró que las intensas precipitaciones representaron un trago amargo para él y su familia.  “Algo muy difícil muy pesado no teníamos como salir para conseguir alimentos, la familia no podía estar tranquila en la casa porque no estaba nada segura”, especificó al recordar que también tuvieron que luchar contra el hambre. “Eso en una parte me desesperó por conseguir alimentos porque ya prácticamente en las tiendas no había nada, vacío todo y dónde consigo yo el alimento para la familia”, recordó con detalles lo vivido el pasado miércoles. Para poder comer, Chan tuvo que sacrificar a uno de sus animales. “Gallinitas en el patio que se crían por la señora y todo y ni modo perecieron”, puntualizó,