Jordan pasó a ser del “Jesús Negro” del baloncesto a comprar cervezas en el “7 Eleven”

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El documental “El Último Baile” (The Last Dance) ha tenido un gran impacto en la sociedad, especialmente en los amantes de los deportes, por revelar detalles nunca antes contados y por exhibir una faceta de Michael Jordan que sólo se había discutido en círculos íntimos del baloncesto, como su competitividad obsesiva y ser una persona atorrante hasta con sus propios compañeros.

El audiovisual explica el trabajo de mercadotecnia que hubo alrededor de la figura, aunque una periodista de ESPN aclara en la misma producción que no existe ese ciudadano perfecto que proyectaba Nike y Gatorade.  En otro capítulo también se deja en evidencia la egolatría del ganador de seis anillos de campeón de la NBA y considerado por casi toda la humanidad como el jugador más grande de la historia, cuando otro ex jugador de la NBA, Reggie Miller, recordó que un día intentó intimidarlo y la respuesta de Jordan se produjo tanto en la duela como con sus palabras. “No te vuelvas a meter con el Jesús Negro”, rememoró Miller.

Sin embargo, el egresado de la Universidad de North Caroline justifica sus acciones con una regla no escrita en el deporte, y que también forma parte de un código de honor, especialmente en los jugadores que marcan diferencia con su juego. “Nunca los obligué a que hicieran algo que yo no hiciera”. Cuando se escuchó esa frase en la pantalla aparecieron las imágenes de cómo Jordan trabajaba de manera inagotable en el gimnasio.

“Rookie a comprar cervezas”

Jordan se retiró momentáneamente del baloncesto en el 1993, tras ganar su tercer anillo de la NBA. Para esa fecha, ya se consideraba que el escolta era el mejor jugador de la historia por encima de Larry Bird y Magic Johnson; poseía tres trofeos de Jugador Más Valioso de la NBA, tres títulos de Más Valioso en finales de la NBA, dos medallas de oro en Juegos Olímpicos y con una popularidad que sólo podía ser equiparada para la época con la del Rey del Pop, Michael Jackson y con el Papa Juan Pablo II.

Tal como se muestra en The Last Dance, en ese año de licencia, Jordan fue firmado por los Medias Blancas de Chicago para jugar al beisbol.

Aunque el mítico número 23 ya había acumulado millones de dólares por sus contratos y triunfos en la NBA, más otros cuantiosos millones por concepto de publicidad, el “Jesús Negro” entraba como un novato a las filas de los patiblancos que para ese momento tenía figuras que dejaron una profunda huella en esta franquicia, como Frank Thomas y Tim Raines (ambos Salón de la Fama), Robin Ventura y el extrovertido Oswaldo “Ozzie” Guillén, quien años después como manager llevó a los Medias Blancas a su tercer título de Serie Mundial tras 88 años de sequía.

Jordan nunca jugó oficialmente en las Grandes Ligas, pero sí hizo el Spring Training (Pre-temporada) con el equipo grande. Incluso, ese año, el equipo del sur de Chicago era tan bueno que comandó las acciones en la División Central de la Liga Americana, con foja de 67 victorias y 46 reveses. Para la mala fortuna de los patiblancos, esa campaña se suspendió por la recordada huelga de peloteros.

El propio Guillén recientemente en una entrevista con su paisano Luis Sojo, también ex jugador de las mayores, reveló una anécdota tras la euforia creada por el documental transmitido por la plataforma Netflix. “Estamos viajando en autobús por el estado de la Florida y Michael estaba con uno de sus tabacos”, rememoró el venezolano que no sólo es recordado por su fino guante en el campocorto sino por su gruesa lengua al momento de declarar. “Y Robin Ventura me dice: a ver si tú eres caballo, manda a Jordan a comprar cervezas. Paré el autobús y dije –miren novatos, Michael Jordan, Mike Cameron y Ray Durham, vayan al 7Eleven y compren cervezas para todos. Jordan no dijo nada, se paró, fue a la tienda, compró cervezas y snacks para todos”, recordó el campeón de la Serie Mundial de 2005.

En esa entrevista, Guillén también alabó a Jordan por su ética de trabajo y su esfuerzo a la hora de entrenar. “Gracias a Dios independientemente de lo que yo hiciera, agarraba rollings y bateaba. Pero este hombre que tenía años sin jugar beisbol porque era un jugador de baloncesto, era el primero en entrar en la jaula de bateo y era el último en irse. Yo vi que hasta las manos le sangraban en su empeño de mejorar con el bate”, recordó el Novato del Año de la Liga Americana de 1985, es decir, un año después de que Jordan ganara el mismo premio pero en la NBA. “A mí y a todos los jugadores de los Medias Blancas, él nos enseñó a trabajar, a esforzarnos, a llegar temprano e irnos tarde del campo”, concluyó.