Adiós a la leyenda de “Popeye”

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Jhon Jairo Velásquez Vásquez, el tristemente célebre exjefe de sicarios del abatido líder del Cartel de Medellín, Pablo Escobar, murió este jueves en un hospital de Bogotá, Colombia.

Conocido mundialmente con “Popeye”, este temido antioqueño de 57 años de edad enfrentó una condena inesperada: cáncer de estómago, enfermedad que lo mantuvo internado en el Instituto Nacional Cancerológico desde el último día del 2019 hasta el fin de su vida. Tenía metástasis en los pulmones, hígado y otros órganos.

En su haber se cuentan más de 300 ejecuciones, todas ordenadas por Pablo Emilio Escobar Gaviria, su “Patrón”. Tras admitir sus delitos ante la justicia colombiana, purgó una condena de 23 años y 3 meses de cárcel, quedando en libertad el 26 de agosto de 2014.

Como era de esperarse, el paso por la cárcel no fue escarmiento para ‘Popeye’, de hecho su vida posterior al encierro estuvo marcada por la polémica.

Se convirtió en un fenómeno de Youtube con su canal “Popeye Arrepentido” en el que contaba su proceso de ‘reincorporación a la sociedad’ y durante esos años intentó ganar relavancia ofreciendo decenas de entrevistas en las que contaba su historia de vida al lado de Escobar.

‘Popeye’ junto al narcotraficante Pablo Escobar. Foto: Difusión.

Sin embargo, su terrible historial delictivo -que da cuenta de su participación en unos 3 mil homicidios entre 1980 y 1990- lo mantuvo siempre en el ojo del huracán.

En 2018 su creciente e incendiara actividad en las redes sociales lo hizo ponerse de nuevo en la mira de las autoridades, por reiteradas amenazas a un candidato presidencial de la izquierda colombiana, así como a sus seguidores.

El 25 de mayo de ese año Velásquez fue capturado y se inició un nuevo proceso en su contra, ahora por concierto para delinquir y extorsión. Por este motivo fue confinado en el Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario de Colombia (Inpec).

El brazo de la justicia de los hombres alcanzó dos veces a “Popoye”, incluso hay quienes -con justa razón- piensan que pagó poco para lo mucho que hizo.

Sin embargo, como a todos les toca alguna vez, enfrentó la condena de Dios y en vida.