Las Revoluciones son políticas, no humanitarias

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“El SIDA siempre deberá ser el primer punto de nuestro programa político y práctico”

Koffi Annan/Ex Secretario General de la ONU y Premio Nobel de la Paz 2001

El primero de julio hubo una celebración nacional en México. Finalmente se había acabado el bipartidismo. El insistente candidato Andrés Manuel López Obrador recibió un apoyo abrumador en las urnas y con esta victoria electoral venía el cambio político, económico y social. Se vislumbraba un sexenio sin violaciones a los derechos humanos y donde los grupos más vulnerables iban a abandonar ese estado de indefensión.
Luego del uno de diciembre se anunció el inicio de una lucha contra la corrupción sin cuartel y sin medir las consecuencias. El padre de la cuarta transformación, es decir, algo así como una Revolución pero sin utilizar ese término tan popular en Cuba y Venezuela, vociferó que no le iba a renovar el contrato a los grandes laboratorios porque le representaba un alto costo al pueblo. Efectivamente, así fue.

En Unasse, Mérida

En un día a inicios de mayo, personal de la Unidad de Atención Psicológica, Sexológica y Educativa para el Crecimiento Personal convocó una rueda de prensa. Durante esos días, aún estaba (y sigue) la herida abierta en un amplio sector de la sociedad luego que el Congreso del Estado rechazara la iniciativa del Matrimonio Igualitario. José Gerardo Cabrera Reséndiz, Coordinador del Centro Comunitario para la Detección de VIH, fue el vocero de ese encuentro para dar a conocer que había una bomba de tiempo que podía dinamitar a las personas con VIH-SIDA, de Yucatán y de toda la República: “Hay antirretrovirales hasta el 30 de mayo”.

Cabrera Reséndiz es portador de VIH. En sus palabras marca la diferencia entre estas tres letras y
el sida. Argumenta que es portador del virus, pero que si no cumple con su riguroso tratamiento, el VIH podría sufrir una metamorfosis y pasar a ser la temible enfermedad que ha acabado con la
vida con miles de personas desde que se dio a conocer en el año de 1983.

López Obrador había roto relación comercial con el laboratorio que suministraba los antirretrovirales. No hubo plan B. En el encuentro en UNASSE, cerca del remate de Paseo de Montejo, los afectados externaron su angustia por un futuro incierto, por un porvenir sin tratamiento pero con VIH en la sangre.

Durante el 2018, se incrementó dramáticamente el número de personas con VIH en la República
de los Estados Unidos Mexicanos. El año anterior, se registraron 6.274 nuevos casos en personas
entre 15 y 24 años de edad. La estadística representa un incremento de 284 por ciento en comparación con el año 2010.


Llegó el 30 de mayo pero el gobierno federal tuvo que realizar una compra extraordinaria para evitar el inicio de una tragedia. Incluso, la transacción fue con el mismo farmacéutico acusado de
tener privilegios en los contratos con el anterior gobierno tricolor. Sin embargo, el calvario no ha terminado para las personas con VIH-SIDA. Ahora, hay antirretrovirales hasta el mes de septiembre.