“Estoy decidida darle a Yucatán mi visión”

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“Para liberarse, la mujer debe sentirse libre, no para rivalizar con los hombres, sino libres en sus capacidades y personalidad.”

Indira Gandhi

La senadora sale de una puerta de vidrio e invita a pasar a dos jóvenes. Empieza a platicar con ellos. Entretanto, afuera está su equipo de trabajo, algunos de ellos con las caras sumergidas en  la computadora mientras que otros atienden a ciudadanos que se acercan con demandas o con un requerimiento de ayuda.

Verónica Camino Farjat

Es la primera hora del lunes, Verónica Camino Farjat representante de Yucatán en la Cámara Alta a través del partido Verde Ecologista, se encuentra en su oficina de enlace en un punto importante de la ciudad de Mérida, la capital del estado. La legisladora, quien representó al PRI en el Congreso Local, no tiene escritorio. Prefiere atender a los ciudadanos desde unos muebles para que no haya barrera en la conversación. En ocasiones, está bien maquillada mientras que en otras oportunidades se muestra más natural.

En estos tiempos en los que los diferentes niveles de gobierno profesan la igualdad de género, Camino Farjat toma esa bandera del igualismo, pero al tiempo, busca eliminar cualquier condición para demostrar que su posición no es producto de una reivindicación social o  del cumplimiento de una exigencia. “Yo soy una mujer que he tenido oportunidades buenas en la política pero las cosas no llegan solitas. Desde chiquita sabía que en algún momento iba a estar en contacto con la política que no me podía zafar de ella” dijo al comenzar la entrevista.

La legisladora federal recuerda que inició su carrera como empresaria, pero indicó que la vena política heredada de su familia tocó a su puerta y la hizo de una forma insistente. “Mi mamá (Verónica Farjat Sánchez) fue presidente municipal de Tizimín, también fue diputada y eso me contagió estar con ella en las campañas”, rememora esta yucateca al entrar en el debate de la posición de las mujeres en la política yucateca y sus consecuencias. “Por supuesto a mi mamá la amenazaron varias veces, la amenazaron con nosotros y tuvimos que estar un tiempo afuera de Tizimín. Con el tiempo le pregunté a mi mamá ¿Eso te agachó? Y me dijo, no, sólo los llevé a ustedes para acá (a Mérida) y yo seguí con mi lucha”, recordó la senadora.

En las elecciones del primero de julio, en Yucatán y en otros estados de la República de los Estados Unidos Mexicanos se cumplió con la paridad de género. Es decir, cada partido tenía la misión de presentar el mismo número de candidatos hombres como mujeres. Camino Farjat acompañó en la fórmula al también hoy senador, Jorge Carlos Ramírez Marín. En este escenario, la tizimileña se defiende y asevera que su presencia en el senado obedece a una carrera que ha llevado junto con los más necesitados de Yucatán, junto con los que no han tenido voz, sino silencio, junto con los que no tienen la tortilla en el plato, sino hambre, y asegura, que en su carrera política ha tenido que ver subsanar las heridas de la violencia. “Ser mujer es sólo un componente. ¿Tú crees que yo estoy aquí solo por qué soy mujer? Crecí con una vocación de servicio desde pequeña” terció esta yucateca desde el mueble de su oficina de enlace.” Yo estudié, tengo estudio de postgrado, he comprobado la efectividad de mi trabajo. Nadie puede venir a quitarme mi lugar, yo sé quién soy, tengo formación de parte de la familia que vengo”, insistió.

El Centro de Prevención Social del Delito fue una de las paradas de la joven Camino Farjat cuando iniciaba su camino en el empinado mundo de la política. En este organismo, recuerda que tocó ver el otro Yucatán. La otra cara del estado que alberga una de las nuevas maravillas del mundo, el lado del cristal donde no se miran a los cenotes o a la avenida Paseo de Montejo. Le tocó ver de frente, directo a los ojos tanto a la víctima como al victimario. “Cuando voy al Centro Estatal de Prevención del Delito, ahí sí aprendes cómo entrarle a alguien sin prejuzgar, tienes que hablar con la gente sin importar el delito de la persona” dice con vehemencia la legisladora. ”Conocí los diferentes casos de agresión a las mujeres, la violencia en distintas formas. Mujeres con la cara cortada, con el cuello cortado, las amenazas con el cuchillo. Uno creía que este tipo de casos sólo se daba en la clase media baja pero te das cuenta que se da en la clase media y también en la clase alta” rememora al hablar de uno de los estados y de la ciudad de Mérida, que de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía es uno de los territorios con la mayor calidad de vida del país.

“El CEPREDEY cambió mi forma de pensar en una parte y me reafirmó en otra parte. Todos somos iguales, nos pinchan y nos sale sangre roja y quieres que todos tengamos las mismas opciones. Que todos tengan esas oportunidades que evitaron que uno cayera en el vicio. Pero eso no lo vas a lograr si no tienes el factor de cambio de tu lado que son las mujeres”, apuntó al mezclar sus experiencias pasadas con la proyección de su futuro en la política. “Los jóvenes también son factor de cambio pero aún no se las creen en cambio las mujeres sí nos la creemos”.

La vida de una senadora sin reflectores

La protagonista de esta historia aceptó hablar de su vida fuera de la Cámara Alta. Se define como una trabajadora entregada por su Yucatán, pero evita caer en frases comunes o en oraciones que pudieran considerarse como populistas. “Lo reconozco, sí busco mis horas para descansar”, lo dice mientras esboza una sonrisa. “Sin embargo, el teléfono está disponible las 24 horas del día. Si llaman y hay que actuar, salgo corriendo”.

Piden que no se le diga senadora, al menos que sea una entrevista pública para conservar las formas. Sugiere que se llame –Verónica- o –Vero-. No obstante, no encuentra un resultado positivo de su interlocutor por aquello de los fundamentos del periodismo que obliga respetar el cargo del entrevistado. La senadora dice que de martes a viernes está en Ciudad de México para cumplir con la agenda de un funcionario federal. “Pero cuando vengo (a Yucatán) paso un tiempo en mi oficina de enlace atendiendo asuntos locales, atendiendo a la gente”, afirma y lo muestra durante la entrevista, mientras en la parte de afuera había una fila de personas esperando hablar con ella. “Pero si busco pasar tiempo con mi familia, eso es esencial, incluso ellos mismos me dan a conocer algunos problemas que tienen la entidad”.

Y luego del senado…

Al defender su currículum, la senadora también buscó defender su visión. Apuntó que goza de juventud para ofrecerle sus mejores años a Yucatán. “Yo sigo siendo joven, hasta este año, no se vayan a reír cuando lean esta entrevista. Si alguien necesita la ayuda con algo y si yo estoy ahí parada lo voy hacer, utilizaré todos los medios para hacerlo”, esbozó sin tapujos. “Yo estoy decidida de darle a mi estado mi visión y mi visión es que todos podemos vivir en un territorio de armonía”. 

Camino Farjat, quien tiene más de cuatro años en el rol de legisladora, tres de ellos en el Congreso del Estado y uno como Senadora de la República, y quien nació prácticamente bajo el manto de la política con su madre, ex alcaldesa de Tizimín, no se considera una mujer de poder. “El político tiene la capacidad de hacer las cosas y tiene poder. Aunque puedes cambiar las cosas sin tener poder. Y el poder es atrayente. Aunque el poder no cambia a las personas, sencillamente revela quien es verdaderamente la persona, así de fácil.”, entonces ¿Quién es Verónica Camino Farjat?

“Las mujeres tenemos un justo valor en la sociedad pero no es lo que me define. Me define mi trabajo, mi preparación, mi amor por Yucatán”, finalizó.