La celebración de la muerte

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Cuando la muerte vidrie
de mis ojos el cristal,
mis párpados aun abiertos
¿quién los cerrará?
 
Cuando la campana suene
(si suena en mi funeral)
una oración, al oírla,
¿quién murmurará?

Gustavo Adolfo Bécquer (Siglo XIX)

La muerte es negra. Es obscura. Al hablar de la muerte no podemos decir que es un estado, al contrario, no hay nada en esa palabra. Pasas de la vida a la inexistencia, al menos en la materia a la que llamamos cuerpo. El concepto básico de esa palabra dice que es el fin de un organismo de la vida. Si lo definimos por sinónimos, salen palabras como la parca, deceso, fallecer, defunción, expiración, etc.

 Si lo llevamos a un término más práctico, la muerte es despedida, es dar un último adiós a un familiar, es un “nunca más”, es no volver a ver, es llanto, dolor, tragedia, desdicha, infelicidad, tribulación.

El poeta chileno Pablo Neruda enseñó otro concepto de la muerte. Para el autor de “20 Poemas de Amor y una Canción Desesperada” se puede morir en vida “muere el que no viaja, quien no lee, quien no oye música, quien destruye su amor propio, quien no se deja ayudar”, escribió el chileno.

La muerte es símbolo de miedo.  En el ámbito religioso, la muerte es el inicio de una nueva vida. Para los católicos, fenecer significa el inicio de un camino que puede tener tres destinos: el cielo, el purgatorio o el infierno.

El agasajo del umbral

México es el único país, o uno dentro de un grupo muy escaso, en el que la muerte es sinónimo de colores y celebración. El dos de noviembre es la fecha para recordar a las personas que nos dieron vida de alguna forma. Gracias a nuestros tatarabuelos, nacieron nuestros bisabuelos. A través de estos últimos vinieron nuestros abuelos al mundo y ellos a su vez, les dieron vida a nuestros padres hasta llegar a nosotros.

En Yucatán, celebran esta fiesta bajo el título Hanal Pixán, entre el 31 de octubre y el 2 de noviembre. En la actualidad, se presenta una combinación entre las costumbres de los católicos junto con los mayas.

En Noticieros Cadena Rasa, entrevistaron al vocero de la Arquidiócesis de Yucatán, Jorge Martínez Ruz, quien explicó que en esta fecha se celebran los fieles difuntos por conjuntarse los cierres de los años civiles y litúrgicos.

“Es recordar a nuestros parientes, conocidos, amigos que se han adelantado y que con la muerte han llegado a la vida eterna”, dijo el presbítero a la emisora local.

Los mayas buscan respuestas en la cosmogonía, en el legado que dejaron los ancestros de los que hoy hacen vida en el sureste mexicano. “Cuando éramos niños íbamos a las casas de las abuelitas y nos decían no dejen ropa sucia, porque si no, le están dando trabajo a los difuntos, limpien la casa, no dejen ropa sucia en la batea porque si no vienen ellos a lavarlas” dijo Marìa Bonifacia Chi, historiadora del Instituto para el Desarrollo de la Cultura Maya.

“El aire ya no se siente igual que cuando estamos en septiembre, el sol ya no es igual, entonces dices se está preparando el medio para recibir a las ánimas y nosotros cuando pequeños, lo recibíamos con ilusión”, explicó Chi.

Muestra de Altares

Como todos los años, la celebración del Hanal Pixán se inició con la muestra de altares en la Plaza Grande de Mérida. Cada altar, representa la tradición de los pueblos yucatecos. Eduardo Cupul Noh, no es un ciudadano cualquiera del municipio de Tunkás, es el primer edil de este pueblo que forma uno de los 106 que conforman a esta entidad de raíces mayas.

“La tradición como lo marca el Hanal Pixán es colocar una ofrenda con la presencia que estamos tomando para mantener básicamente la tradición en colocar los gustos del difunto que de alguna manera, es lo que nosotros estamos presentando y es por eso que colocamos las fotografías” dijo el alcalde al frente de un altar con numerosas fotos de los que se adelantaron y la comida que les gustaba a ellos.

“Se suponen que en estas fechas es cuando los dejan salir en un día particular para que ellos puedan salir a recibir digamos con los otros y a través de estas ofrendas. Para nosotros es muy tradicional y que tienen muchos años viviendo” rematò el presidente municipal.

Lucía Sánchez Canchè llegó a Mérida procedente de Calotmul. Desde la Plaza Grande de la capital yucateca, vivió su tradición con sus manos llenas de harina y asando unas tortillas redonditas.

“Muy importante porque son los días que recordamos a nuestros difuntos hacemos nuestros altares tanto a niños como para adultos”, aclaró en cuanto al tipo de comida que se coloca en los altares. “A los niños se les pone comida como puchero, el escabeche, que no sea picante y se les pone dulce para los niños”, dijo.

En Yucatán, todos comparten la tradición del Hanal Pixán pero hasta en eso, cada quien busca resaltar. Al menos, cuando se refiere a los ámbitos de gobierno. El Ayuntamiento de Mérida realizó el tradicional paseo por el Cementerio General de la ciudad y luego el Paseo de Ánimas, al cual asistieron más de sesenta mil personas.

Mauricio Díaz Montalvo del Cultur, organizó el primer pase y muestra de altares en la zona arqueológica de Dzibilchaltún, con un recorrido por la Villa Maya, el Templo de las Siete Muñecas y el cenote.  

El frío y el olor a PIB son el complemento de esta tradición llena de mística y colores. La muerte no es solo una parcela horizontal, no se reduce a un nicho o cenizas, es recordarlos con el pensamiento y con la Fe de que están del otro lado de la puerta. Pase usted que está en Yucatán.