Se desafinó la guitarra del espiteño

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“Cuando lo manda el destino no lo cambia ni el más bravo, Si necesitas un martillo del cielo te caen los clavos”

Rubén Blades en la canción Pedro Navaja.

Víctor Correa se preparaba para vivir una vejez tranquila. Es un yucateco de hueso colorado. Nació en Peto pero creció y vivió gran parte de sus buenos años en el municipio de Espita. La guitarra lo llevó a Mérida, la capital de Yucatán, cuando tan sólo contaba con 31 años de edad. Ciertamente, en Mérida se vive a un ritmo diferente al de Espita, pero cuando este octogenario comenzó su nueva vida en la blanca ciudad, también se caracterizaba por ofrecer calidad de vida.

En sus palabras y con su semblante, Correa exhibe su orgullo por haber llevado una vida de músico, de tocar trova, la música yucateca. Los acordes de su guitarra transmitían armonía. No obstante -proyectando una metáfora- las cuerdas que le daban música a su vida se desafinaron una tarde de enero de 2015 cuando, al regresar del trabajo, vio a unos extraños en la puerta de su casa ubicada en el nororiente de Mérida. “Vi a cuatro individuos, uno de ellos escribiendo, me detuve en el carro y les dije: caballero ¿en qué puedo servirles?; y el actuario me dice: tiene diez días para defender su propiedad, recordó el espiteño que hoy cuenta con 81 años de edad.

 “En el expediente había un pagaré, le dije: yo nunca he firmado eso y por esta cantidad jamás, lo máximo que una vez pedí en el banco 6 u 8 mil pesos, fuera de eso nada”, dijo el protagonista de esta historia al recordar ese momento le ha amargado tanto a él, como a su esposa y a sus tres hijos, el resto de sus días hasta la fecha. “Que nos habían dado 440 mil pesos en efectivo con una tasa de reembolso del 7 por ciento bimensual, ¡imagínese!, quién va a tomar eso, uno que esté loco, yo les dije es una muy mala broma y me respondieron, no es broma ya lo vio”, puntualizó.

Desde aquella tarde, Correa y su familia han vivido una pesadilla. Pero, este adulto mayor, no se amilanó y ante esta sorpresa de la vida, decidió dejar la queja de un lado y tomar cartas en el asunto con un grupo de abogados que ha trabajado en los tribunales su defensa.

Este yucateco elevó la queja ante las autoridades por un intento de estafa. Un movimiento que no es novedoso en Yucatán, debido a que hay varios antecedentes de este tipo en un estado que exhibe los mejores índices de seguridad en toda la agitada República Mexicana. “Me conseguí un equipo de abogados que son muy buenos gracias a un amigo”, agregó a su historia.

Correa Delgado vive en el Fraccionamiento Los Pinos, en una posición privilegiada. Cerca de su predio, se encuentra la Macroplaza, un Walmart y una serie de establecimientos modernos que le dan plusvalía a su vivienda. En la calle donde vive, su casa es quizá la que se observa con menor mantenimiento, un elemento que se puede considerar normal para una pareja de adultos mayores que perdieron la tranquilidad desde hace casi un lustro.

Los golpes de la vida

La primera cita para conocer la historia de este octogenario no se concretó porque su esposa se sentía muy mal y como buen conyuge, Don Víctor, prefirió dedicarse a ella. En el segundo encuentro, pidió que la entrevista fuese en horas de la tarde debido a que tenía que ir -junto con su compañera de vida- al Instituto Mexicano del Seguro Social. “Pues la verdad sí nos han enfermado, nos han estresado”, confiesa este hombre que lucha por no perder su patrimonio.

De acuerdo con Don Víctor, tras cuatro años de litigio, el caso ya se encuentra en un juzgado federal. Se muestra confiado de que no va a perder su predio, pero no deja de estar al pendiente con los especialistas del derecho que defienden su causa.

Antecedentes

Don Víctor asegura que es un asiduo lector de noticias. Gracias a esta práctica conoció la historia de Rosa Elena González Sierra, viuda y de 88 años de edad. Esta ancianita yucateca perdió su casa ubicada en el rumbo de la Ermita Santa Isabel, en el centro de Mérida. Ella fue víctima de la misma práctica por parte de supuestos integrantes de una mafia inmobiliaria. El modus operandi fue el mismo: le presentaron un pagaré que no recuerda haber firmado, luego de un largo litigio le cambiaron la cerradura de su casa y no pudo volver a entrar.

Además de ese caso, al afectado del Fraccionamiento Los Pinos, le llegó a su puerta otro caso. “Anoche nos visitó una pareja de gente mayor que dice que le despojaron de su casa, evaluada en dos millones de pesos y que son los mismos sujetos que llegaron hasta mi casa”, comentó.

En la mesa de la familia Correa, hay un ventilador encendido y dos cajas de medicina del Seguro Social. Don Víctor todavía tiene fuerza para tocar la guitarra, todavía lo disfruta. “Si me hubiese conocido hace tres años  todavía estaba yo fortachón. Le doy gracias a Dios que todavía estamos en la lucha a los 81 años”, finalizó.